viernes, 9 de enero de 2015

¿Qué queremos los docentes?

Durante mas de dos semanas, los docentes de Chile nos hemos manifestado con fuerza, traspasando las barreras de la censura mediática y siendo tema en espacios que van mas allá de la sala de clases. Nos hemos convertido en Trending Topic de las redes sociales.
Y la razón sola de esta catarsis, se basa en el repudio, en la molestia constante de sentir que no se nos toma en cuenta a la hora de crear políticas educacionales.
Pero es importante preguntarse en primer término, sobre la situación de poca representatividad que sufrimos los docentes, al momento de pedir la cabeza de nuestros dirigentes. ¿Cuántos de aquellos docentes enardecidos acudieron a las urnas a hacer valer su derecho a voto en el organo correspondiente?
A modo de defensa de estos no votantes; la situación imperante del momento no hacía necesaria una convergencia amplia de participantes, mas sin embargo, ello permitió que por un indice mínimo, los escrutinios determinaran que nuestra actual dirigenta se irguiera como la representante a nivel regional.
El problema que vino después, se visualizó como un ir y venir de ataques entre dirigentes, descalificaciones y demás improperios a sus personas, sumando a ello la pugna de egos entre el directivo saliente y la directiva entrante.
Ya en el momento en que fue determinante sentir un apoyo de nuestra dirigencia, la elección a mano alzada del 7 de Noviembre selló un futuro negro para la presidenta del magisterio, que aunque fuera electa por una minoría, es institucionalmente la que nos representa como región. Y ello trajo una seguidilla de posturas, de rechazo, deslegitimacion y descargos contra su imagen.
Al calor de los comentarios en contra de su imagen tan dañada, el Colegio de Profesores en su centralidad tampoco se exime de responsabilidades, por lo que cuando se pretende hablar de una crisis, ésta debe separarse entre lo interno y lo exógeno.
Y nuevamente, volviendo a la situación que nos atañe, el magisterio se encuentra dolido, dudoso y desconfiado. Porque siente que no hay una voz que los represente ni aúne, ni siquiera cuando poco a poco descubrimos la trampa que se estaba tejiendo frente a nuestras narices, la misma que nos regirá de aquí, hasta nuestros días antes de jubilar muy probablemente.
No podemos pensar que igualaremos potencias avanzadas como Finlandia, no podemos soñar aún con andar descalzos en una sala rodeados de 20 niños como máximo, pero podemos al menos pedir que se den cuenta de las condiciones reales que vivimos; que se den cuenta de que debemos lidiar con horas frente a niños cada vez mas desatendidos, padres mas exigentes, un sistema que nos ordena a estar llenando la planificación, el formulario, la reunión, el horario, las notas, anotaciones, consejos de curso, citaciones a apoderados y un sinfín de tareas que distan de la imagen de profesor que muchos padres y apoderados tienen de nosotros.
Es un simple llamado a la cordura y la compasión por los que tenemos la tarea de educar a una nación.  Nos es una maña antojadiza de
 mayores salarios, sino mejores condiciones de trabajo, para disfrutar lo que YA amamos.
Todo docente necesita tiempo para planificar, y para crear material. No nos basta con los fines de semana, y como un día un colega mencionó: "si quiero ser un profesor perfecto, el primer paso es olvidar que tengo vida social y amigos, para así disponer de todo mi tiempo en revisar pruebas y mantener a padres y directivos contentos."
¿Y de quién depende este cambio? De todos nosotros, profesores, futuros profesores y padres. Quién se precie de valorar la educación como un derecho, y no un bien de consumo. Quién sepa que para hacer bien las cosas, no solo prima pagar mas, sino dar condiciones dignas. Así avanzaremos a una reforma que de forma y no deforme mas el status quo del docente chileno.


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