Durante mas de dos semanas, los docentes de Chile nos hemos
manifestado con fuerza, traspasando las barreras de la censura mediática
y siendo tema en espacios que van mas allá de la sala de clases. Nos
hemos convertido en Trending Topic de las redes sociales.
Y la
razón sola de esta catarsis, se basa en el repudio, en la molestia
constante de sentir que no se nos toma en cuenta a la hora de crear
políticas educacionales.
Pero es importante preguntarse en primer
término, sobre la situación de poca representatividad que sufrimos los
docentes, al momento de pedir la cabeza de nuestros dirigentes. ¿Cuántos
de aquellos docentes enardecidos acudieron a las urnas a hacer valer su
derecho a voto en el organo correspondiente?
A modo de defensa de
estos no votantes; la situación imperante del momento no hacía
necesaria una convergencia amplia de participantes, mas sin embargo,
ello permitió que por un indice mínimo, los escrutinios determinaran que
nuestra actual dirigenta se irguiera como la representante a nivel
regional.
El problema que vino después, se visualizó como un ir y
venir de ataques entre dirigentes, descalificaciones y demás improperios
a sus personas, sumando a ello la pugna de egos entre el directivo
saliente y la directiva entrante.
Ya en el momento en que fue
determinante sentir un apoyo de nuestra dirigencia, la elección a mano
alzada del 7 de Noviembre selló un futuro negro para la presidenta del
magisterio, que aunque fuera electa por una minoría, es
institucionalmente la que nos representa como región. Y ello trajo una
seguidilla de posturas, de rechazo, deslegitimacion y descargos contra
su imagen.
Al calor de los comentarios en contra de su imagen tan
dañada, el Colegio de Profesores en su centralidad tampoco se exime de
responsabilidades, por lo que cuando se pretende hablar de una crisis,
ésta debe separarse entre lo interno y lo exógeno.
Y nuevamente,
volviendo a la situación que nos atañe, el magisterio se encuentra
dolido, dudoso y desconfiado. Porque siente que no hay una voz que los
represente ni aúne, ni siquiera cuando poco a poco descubrimos la trampa
que se estaba tejiendo frente a nuestras narices, la misma que nos
regirá de aquí, hasta nuestros días antes de jubilar muy probablemente.
No
podemos pensar que igualaremos potencias avanzadas como Finlandia, no
podemos soñar aún con andar descalzos en una sala rodeados de 20 niños
como máximo, pero podemos al menos pedir que se den cuenta de las
condiciones reales que vivimos; que se den cuenta de que debemos lidiar
con horas frente a niños cada vez mas desatendidos, padres mas
exigentes, un sistema que nos ordena a estar llenando la planificación,
el formulario, la reunión, el horario, las notas, anotaciones, consejos
de curso, citaciones a apoderados y un sinfín de tareas que distan de la
imagen de profesor que muchos padres y apoderados tienen de nosotros.
Es
un simple llamado a la cordura y la compasión por los que tenemos la
tarea de educar a una nación. Nos es una maña antojadiza de
mayores salarios, sino mejores condiciones de trabajo, para disfrutar lo que YA amamos.
Todo
docente necesita tiempo para planificar, y para crear material. No nos
basta con los fines de semana, y como un día un colega mencionó: "si
quiero ser un profesor perfecto, el primer paso es olvidar que tengo
vida social y amigos, para así disponer de todo mi tiempo en revisar
pruebas y mantener a padres y directivos contentos."
¿Y de
quién depende este cambio? De todos nosotros, profesores, futuros
profesores y padres. Quién se precie de valorar la educación como un
derecho, y no un bien de consumo. Quién sepa que para hacer bien las
cosas, no solo prima pagar mas, sino dar condiciones dignas. Así
avanzaremos a una reforma que de forma y no deforme mas el status quo
del docente chileno.
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