Desde los últimos días de Octubre nuestra sociedad chilensis se
remeció con la amenaza siempre tenue que nació del aula. Esta tronadora
advertencia hacía envalentonar hasta el mas cobarde de los maestros, y
sin ir mas lejos lo consiguió.
Sin embargo, la amenaza no sería
válida, de no ser por un mensaje oculto de insurrección ante la menor
actitud de desinterés de los ejecutivos de Mineduc.
Estos señores
de corbata se preocuparon de atender la afanosamente diseñada agenda
corta, que contenía cinco puntos fundamentales en la carrera del
educador:
1. La archi-conocida deuda histórica.
2. El incentivo al retiro, para disfrutar el júbilo de la jubilación.
3. Agobio laboral, rebautizado desde las bases como abuso laboral.
4.
Descongelamiento del IMD (Ingreso Mínimo Docente...bien mínimo, es
decir: $347.910 por 30 horas en básica o $366.090 por 30 horas en media)
5.
Titularidad a los docentes a contrata, como mi colega que se jubilará
este año, habiendo sumado 19 años a contrata y sin uñas por esperar cada
año a ver si lo re-contratarían.
Acogidos a este petitorio o
rogatoria por mejorar nuestras condiciones laborales, nuestro
representante a nivel nacional, el señor Jaime Gajardo, quién por medio
de una llamada telefónia (que ya suena a mito, puesto que hubo
información que el acuerdo estaba tomado desde días antes) decide
exponer, muy locuazmente esta oferta a sus congéneres.
Bajo un
abrazante sol del Viernes 7 de Noviembre, 113 brazos sudorosos se
alzaron para dar el si a esta propuesta tan jugosa, 53 se negaron a esta
oferta y 12 se abstuvieron. Haciendo el cuento corto, estas noticias,
fueron recibidas como un golpe bajo, una traición y escacez de
representatividad de las bases.
Los profesores; mas conocidos como
las bases, saltaron de un respingo y alzaron la voz. Acá en Punta
Arenas, exigieron respuestas en especial desde la siempre visible
presidenta regional de magallanes, quién, como una Houdini, en un acto
mágico, se disipó de la faz de la extensa Patagonia.
Los
dirigentes, cuales bomberos en medio de un incendio, nos acuartelamos,
renunciando a nuestro Domingo de descanso, (!espera, somos profesores,
estabamos revisando pruebas y planificando en nuestro día libre¡) y nos
propusimos alzar las quejas por medio de un organismo visible. No
teníamos otro, el colegio de Profesores era la única opción, asi que la
tomamos.
Y nos fuimos por las calles, cantando consignas, secando
nuestras narices mientras el viento nos probaba el temple y la ropa
térmica. Cantamos en actos culturales, nos vestimos con ropas coloridas,
encendimos velas, a modo de ritual sagrado, para espantar los espíritus
de la educación y del Colegio de Profesores. Nos pusimos rebeldes
también, tomándonos el Colegio de Profesores en señal de protesta.
Y
hoy, aguardamos el momento en que se nos tome en cuenta. Y que nuestros
representantes escuchen a sus bases. Esperamos no cansarnos de aguantar
un paro, que de por si deja siempre daños colaterales.
El bien
superior, creemos, es respetar al docente y legitimar su labor, la cual
es formadora de toda profesión a futuro, desde el momento en que un
profesor moldea, apoya, construye y valora la vocación que asoma incluso
desde un niño en pre-kinder.
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